Mientras los huertos se preparan para enfrentar una nueva temporada productiva, la nutrición mineral adquiere un papel estratégico. Aunque los árboles se encuentran en dormancia, sus tejidos permanentes y estructuras de reserva mantienen una importante cantidad de nutrientes y energía que serán utilizados durante las primeras etapas del crecimiento. Así lo explica el ingeniero agrónomo y especialista en nutrición mineral de frutales, José Ignacio Covarrubias, quien advierte que el estado nutricional actual del huerto puede ser determinante para el inicio de la próxima temporada.
«Es muy importante la magnitud en que estos nutrientes están en sus órganos de reserva actualmente para poder, desde el punto de vista nutricional, asegurar una temporada adecuada, que los árboles partan bien», afirma.
De acuerdo con Covarrubias, cerca del 60% del nitrógeno que los árboles tenían en sus hojas durante el otoño es recuperado y trasladado hacia estructuras de reserva. Una parte importante de este nitrógeno proviene de la fertilización realizada durante la postcosecha y puede ser utilizado incluso hasta la cosecha de la temporada siguiente.
Sin embargo, estas reservas comienzan a disminuir a medida que avanza el desarrollo de la fruta. El especialista señala que cuando los frutos alcanzan aproximadamente 5 a 6 mm de diámetro, las reservas nitrogenadas comienzan a bajar y se hace necesario suplementar el nutriente para acompañar el crecimiento.
El potasio también cumple un rol relevante. Covarrubias estima que alrededor de un 30% del potasio puede encontrarse en estructuras de reserva, desde donde será utilizado durante las primeras fases de crecimiento primaveral. Posteriormente, su demanda aumenta junto con el desarrollo de la fruta, considerando que entre un 60% y 70% del potasio absorbido por el árbol termina localizado en los frutos.
Por otra parte, sostiene que una fertilización eficiente debe partir necesariamente desde un adecuado diagnóstico nutricional. Entre las herramientas disponibles menciona los análisis de suelo, análisis foliares, análisis de fruta y, en determinados casos, evaluaciones de reservas como arginina y almidón.
Finalmente, Covarrubias llama a evaluar cuidadosamente el costo de las distintas fuentes y formulaciones disponibles. Una mayor eficiencia de un fertilizante no necesariamente significa que el mayor precio esté económicamente justificado. La clave está en combinar diagnóstico, riego, oportunidad, dosis y forma de aplicación para avanzar hacia una fertilización más eficiente y sostenible, tanto desde el punto de vista económico como ambiental.
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